Por Evandro Menezes de Carvalho profesor de Derecho Internacional en la Universidad Federal Fluminense de Brasil, y catedrático de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing.

El control forzoso del presidente de Venezuela demuestra inequívocamente que Estados Unidos ya no funciona como la nación democrática pacífica que dice ser. Su postura global ya no se basa en la diplomacia y el derecho internacional, sino que se construye sobre un estado de preparación perpetua para el conflicto militar. Hoy en día, el mantenimiento de la hegemonía estadounidense ya no se basa en las instituciones multilaterales que antes defendía, sino en la proyección descarada de la fuerza militar.

Durante décadas después de la Segunda Guerra Mundial, el liderazgo estadounidense se basó en un delicado equilibrio: por un lado, Washington hacía hincapié en un sistema internacional basado en normas; por otro, configuraba el panorama político en el extranjero mediante operaciones encubiertas, influencia económica y alianzas asimétricas. Ese equilibrio ha desaparecido. La actual Administración estadounidense ha descartado los instrumentos de influencia matizados característicos de la Guerra Fría y la posguerra fría, y en su lugar se basa en la coacción directa, la intervención militar abierta, la detención extraterritorial y la ocupación de territorios extranjeros. La invasión de Irak en 2003 y las recientes acciones contra Venezuela ilustran claramente un patrón que ya no se oculta, justifica o modera con el pretexto de la «seguridad colectiva».

Para comprender este cambio, hay que examinar con imparcialidad los fundamentos estructurales del poder estadounidense. Desde 1945, la hegemonía de Estados Unidos se ha basado en su dominio sin rival de los puntos estratégicos marítimos, los sistemas tecnológicos y, sobre todo, los conductos de energía. Esta arquitectura se basa en una suposición estratégica: el mundo solo es «seguro» para Estados Unidos cuando ninguna otra nación puede igualar su poderío militar. En consecuencia, la economía estadounidense está profundamente entrelazada con su sector de defensa, el complejo militar-industrial y las vastas redes globales de vigilancia y logística, que en conjunto sustentan su presencia militar en regiones clave. La desmilitarización de la política exterior estadounidense requeriría una reestructuración fundamental de sus sistemas económicos y tecnológicos.

El estatus hegemónico del dólar está indisolublemente ligado a esta arquitectura militar. El dólar no es solo una moneda, sino un instrumento de poder. Su posición como moneda de reserva mundial depende de la capacidad de Estados Unidos para imponer sanciones, limitar a sus rivales y salvaguardar las redes financieras mundiales que sustentan el comercio internacional. Desde la desvinculación del dólar del oro y su vinculación al petróleo en 1971, este acuerdo ha funcionado según una lógica sencilla: los principales productores de petróleo venden su petróleo en dólares y las naciones de todo el mundo deben adquirir dólares para comprar energía. Por lo tanto, la estabilidad del dólar está intrínsecamente ligada al dominio de Estados Unidos sobre el sistema energético mundial.

En consecuencia, Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, se ha convertido en un nodo fundamental de la geopolítica mundial. Su posición geográfica, bordeando el Golfo de México, el Mar Caribe y el Canal de Panamá, la sitúa en uno de los lugares más estratégicamente sensibles del hemisferio occidental. Más importante aún, el uso por parte de Caracas de monedas distintas al dólar estadounidense para el comercio de petróleo desafía los cimientos mismos del sistema del petrodólar. Cuando la nación con las mayores reservas de petróleo del mundo comienza a experimentar con la reducción de su dependencia del dólar, ataca el corazón de la arquitectura financiera global de Estados Unidos.

En este contexto, la intervención militar sin precedentes de Washington en Venezuela y su decisión unilateral de tomar el control de los activos del presidente Maduro «bajo la ley estadounidense» no deben considerarse incidentes aislados. Esto representa a una potencia hegemónica que despliega abiertamente la fuerza para suplantar los mecanismos diplomáticos y multilaterales que en su día demostraron su eficacia. Para América Latina, el mensaje que transmiten las acciones de Estados Unidos no podría ser más claro: la soberanía regional tiene límites, y estos límites no los define el derecho internacional, sino el alcance real del poder estadounidense.

Estamos asistiendo a profundas transformaciones dentro del sistema internacional. Los Estados Unidos de hoy en día plantean la competencia mundial como una dicotomía entre «democracia y autoritarismo», pero esta narrativa oculta una realidad más profunda: la verdadera división se encuentra entre el «unilateralismo armado» y el multilateralismo genuino. El primero está respaldado por «aliados leales», mientras que el segundo es defendido cada vez más por las naciones del Sur Global. La militarización de la democracia estadounidense supone una amenaza estructural para la estabilidad internacional.

El establecimiento de un orden internacional basado en la igualdad soberana y la toma de decisiones colectiva es ahora una necesidad urgente. El mundo no debe seguir siendo rehén de un sistema en el que la proyección unilateral de la fuerza se antepone a la ley, la diplomacia y los principios fundamentales de la coexistencia.

Si se escribe un nuevo capítulo del multilateralismo, no surgirá de las naciones que se hacen con el poder mediante la coacción, sino de las voces soberanas de países de todo el mundo, muchos de ellos pertenecientes al Sur Global. Estas naciones insisten en que la gobernanza mundial debe servir a la paz, no a la hegemonía.

Fuente: https://hqtime.huanqiu.com/share/article/4PrjWDVBOoE

Por CVEC

El Centro Venezolano de Estudios sobre China (CVEC) es el primer y único centro de investigación dedicado exclusivamente a los estudios sobre China dentro de la República Bolivariana de Venezuela. Fundado el 13 de junio de 2017 por jóvenes profesores e investigadores provenientes de la Universidad Central de Venezuela, el CVEC ha planificado desde su creación, la conformación de un equipo de investigadores provenientes de distintos espacios intelectuales y profesionales, cuyas capacidades de análisis y comprensión sobre las realidades que configuran el mundo de hoy y del futuro coincidieran en esta instancia de gestión académica e intelectual.

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