El autor: Xu Shicheng, es investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales.
El 4 de diciembre, la Administración Trump publicó su informe actualizado sobre la Estrategia de Seguridad Nacional, en el que posicionaba a América Latina como una «esfera fundamental de los intereses estadounidenses». En él se promovía el «corolario de la Doctrina Monroe» —esencialmente una versión de la doctrina de la era Trump denominada «Doctrina Trump»— como continuación de su estrategia «America First» (Estados Unidos primero). Esta medida busca restablecer el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental y evitar que «potencias extranjeras hostiles controlen activos críticos en la región».
Justo el día antes de la publicación del informe, el 3 de diciembre, el presidente estadounidense, Donald Trump, reiteró que las operaciones terrestres contra el «tráfico de drogas» en América Latina comenzarían en breve, lo que implicaba una inminente intervención estadounidense en Venezuela. Sin embargo, pasaron los días sin que se tomaran medidas, a pesar de que Estados Unidos desplegó un portaaviones, más de veinte buques de guerra, quince mil militares y aviones de combate en el Caribe con el pretexto de operaciones «antinarcóticos».
Tanto las Naciones Unidas como las agencias antinarcóticos estadounidenses reconocen que Venezuela no es un productor primario ni un punto de tránsito de drogas en América Latina. Entonces, ¿por qué Estados Unidos insiste en atacar a Venezuela y a su presidente, Maduro, con el pretexto de la «erradicación del tráfico de drogas»? ¿Cuáles son las intenciones estratégicas que se ocultan detrás de esta postura?
En primer lugar, se debe a que Venezuela, bajo el liderazgo de Maduro, se ha opuesto rotundamente a la hegemonía estadounidense. Tres presidentes estadounidenses sucesivos han considerado a Maduro como una espina clavada en la piel.
Maduro asumió la presidencia de Venezuela el 19 de abril de 2013. El 8 de marzo de 2015, durante el mandato de Obama, Estados Unidos ya había designado a Venezuela como una «amenaza importante» para su seguridad y política exterior. En marzo de 2020, en el primer mandato de Trump, se ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por su captura, y se le describió como un «líder terrorista narcotraficante». El 10 de enero de 2025, poco antes de que Biden dejara la presidencia, Estados Unidos aumentó la recompensa por la captura de Maduro a 25 millones de dólares. El 8 de agosto, durante el segundo mandato de Trump, la recompensa aumentó hasta los 50 millones de dólares. El 24 de noviembre, Trump designó oficialmente al «Cartel de los Soles» como organización terrorista y acusó a Maduro de ser su líder.
En segundo lugar, Estados Unidos busca derrocar al régimen de Maduro mediante amenazas militares y ataques, establecer un gobierno derechista y proestadounidense, e impedir que otras naciones desarrollen relaciones con países latinoamericanos como Venezuela.
En tercer lugar, Estados Unidos codicia las abundantes reservas de petróleo y otros recursos naturales de Venezuela. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y, con la tecnología actual, se estima que se pueden extraer más de 300.000 millones de barriles.
En cuarto lugar, mientras apunta a Venezuela, Estados Unidos ataca simultáneamente a gobiernos de izquierda en América Latina, como los de Cuba, Colombia y Nicaragua, con el fin de afirmar su hegemonía sobre el hemisferio occidental.
A pesar de haber desplegado importantes fuerzas militares en aguas del Caribe cercanas a Venezuela —incluido el portaaviones USS Ford, cazas furtivos F-35 y más de veinte buques de guerra—, y de haber cerrado el espacio aéreo venezolano mientras amenaza repetidamente con ataques terrestres, ¿por qué Washington aún no ha actuado?
Las razones principales son:
En primer lugar, Estados Unidos no cuenta con la fuerza militar necesaria. Se estima que para lanzar un ataque terrestre a gran escala contra Venezuela se necesitarían al menos 150.000 soldados. Actualmente, solo hay 15.000 efectivos desplegados en el Caribe, una cantidad claramente insuficiente.
En segundo lugar, la oposición interna a la invasión de Venezuela aumenta día a día. El 6 de diciembre se celebraron manifestaciones contra las acciones militares de la Administración Trump en Venezuela en más de 60 ciudades estadounidenses. Numerosos miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, incluidos varios republicanos, han expresado su oposición.
En tercer lugar, el intento de Estados Unidos de invadir Venezuela con el pretexto de la «erradicación del tráfico de drogas» contraviene la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, viola la legislación estadounidense pertinente y carece de la autorización del Congreso.
En cuarto lugar, el Gobierno, las Fuerzas Armadas y el Partido Socialista Unido de Venezuela están unidos en una solidaridad sin precedentes contra la invasión estadounidense. Las fuerzas armadas de Venezuela son considerables y están compuestas por unos 300.000 soldados regulares y 8 millones de milicianos bien entrenados. Por el contrario, las fuerzas de la oposición venezolana están profundamente divididas y carecen de cohesión.
En quinto lugar, naciones latinoamericanas como Cuba, Colombia, Brasil y México, junto con los países del BRICS y la mayoría de los países del Sur Global, se oponen firmemente. Incluso naciones occidentales como Gran Bretaña y Francia se muestran contrarias a una invasión estadounidense de Venezuela.
En sexto lugar, con las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos previstas para noviembre de 2026, Trump puede temer que invadir Venezuela afecte a sus perspectivas electorales y empañe su imagen de «presidente pacifista». Por tanto, Estados Unidos debe sopesar cuidadosamente las posibles consecuencias y pérdidas de un ataque militar terrestre a gran escala contra Venezuela. Actualmente, se encuentra en una situación difícil, dividido entre avanzar y retroceder, indeciso e incapaz de bajarse del tigre.
No obstante, no se ha descartado la posibilidad de un ataque militar estadounidense contra Venezuela y los preparativos siguen en marcha. El escenario más probable es que Estados Unidos lleve a cabo ataques aéreos y bombardeos contra el país, para lo cual desplegaría pequeñas unidades de fuerzas especiales y agentes de la CIA con el objetivo de realizar «ataques de precisión» y «operaciones de decapitación» contra líderes venezolanos clave, con la intención de derrocar al Gobierno de Maduro.
Además, no se puede descartar la posibilidad de que Trump y Maduro entablen un nuevo «diálogo», en el que la amenaza de la presencia militar estadounidense obligue a Maduro a dimitir. En esencia, Trump no quiere que su despliegue militar en el Caribe sea un fracaso y buscará una salida que le permita salvar las apariencias. «El que sigue el camino correcto gana muchos seguidores; el que se desvía de él encuentra pocos». El plan de Estados Unidos para derrocar el régimen de Maduro mediante amenazas militares nunca tendrá éxito.
Fuente: http://m.chinanews.com/wap/detail/zw/gj/2025/12-12/10532435.shtml