Wang Yiwei

Profesor e Investigador de la Universidad Renmin de China, Profesor Titular de la Cátedra Jean Monnet, Director del Instituto de Relaciones Internacionales y Vicepresidente de la Academia del Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Peculiaridades Chinas para una Nueva Era, ambos de la Universidad Renmin de China.

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Cuando Estados Unidos ataca a otro país, no se limita a enviar tropas o lanzar misiles. Empieza con el lenguaje. Lo que estamos viendo en Venezuela no son mensajes aleatorios, sino un sistema narrativo bien diseñado, construido en torno a tres pasos básicos y repetido a través de una serie de trucos retóricos familiares. Y una vez que se comprende cómo funciona este sistema, se empieza a notar el mismo patrón una y otra vez.

El primer paso es el disfraz. Si se cambia el nombre de una acción, cambia también la forma en que se juzga. Por eso, Estados Unidos no se refirió a su acción en Venezuela como una «invasión». De hecho, no utilizó en absoluto un lenguaje bélico. En su lugar, habló de «captura», «arresto» y «operaciones conjuntas con las fuerzas del orden». Todos estos términos son sinónimos de policía nacional, no de guerra. El efecto es poderoso. Una vez que se consigue que la acción parezca una operación policial, las cuestiones de soberanía o la Carta de las Naciones Unidas desaparecen silenciosamente de la conversación.

La violencia desatada por Estados Unidos se neutraliza aún más mediante el uso de un lenguaje técnico. Así, los bombardeos se convierten en «ataques de precisión», las invasiones se transforman en «operaciones» y los daños causados a la población civil se minimizan como «daños colaterales». Este tipo de terminología no solo suaviza el impacto, sino que presenta la guerra como una forma de gestión técnica, ordenada y controlada, casi burocrática.

Al mismo tiempo, el propio Estado objetivo se personaliza. Un país se reduce a un único líder; la soberanía, las instituciones y la población pasan a un segundo plano. Una vez que un Estado se reduce así a un solo individuo, el cambio de régimen puede venderse fácilmente como justicia penal en lugar de agresión.

El segundo paso es la redirección. Si la atención se desvía hacia otro lugar, la legalidad deja de ser relevante. Por eso se pone tanto énfasis en las unidades de élite y en las imágenes de «redadas espectaculares». Las salas de mando, las imágenes de visión nocturna y los relatos de las fuerzas especiales dominan la cobertura mediática. Se anima al público a admirar la competencia y la eficiencia. Cuanto más impresionante parece la operación, menos espacio hay para preguntarse si debería haberse llevado a cabo.

El éxito táctico se utiliza entonces para ocultar la violencia estratégica. Una operación rápida y «limpia» se elogia como moderada y responsable, aunque no dice nada sobre las consecuencias a largo plazo: inestabilidad regional, sufrimiento de la población civil, colapso económico o ciclos interminables de intervención. Ganar la batalla sustituye a ganar la paz.

El debate público se redirige cuidadosamente hacia el procedimiento en lugar de hacia el fondo. Las discusiones en los medios de comunicación se centran en si se informó al Congreso o si el momento era el adecuado. Estos argumentos desvían la atención del tema central: quién autorizó a Estados Unidos a utilizar la fuerza fuera de sus fronteras en primer lugar.

La causa y el efecto se invierten entonces silenciosamente. La interferencia fue primero, pero la historia se cuenta al revés, como si la inestabilidad exigiera la interferencia, en lugar de que la interferencia condujera a la inestabilidad. La historia se edita para que la agresión parezca inevitable.

El tercer paso es el borrado. Controla la memoria y controlarás el juicio moral. América Latina no es una historia nueva. Estados Unidos ha interferido allí más de 40 veces. Pero esa historia se ha borrado. Cada acción se presenta como excepcional, como si no tuviera conexión con lo que vino antes.

Y antes de que el público pueda procesar completamente lo que sucedió en Venezuela, aparecen nuevos titulares: Trump hablando de ocupar Groenlandia en dos meses, o noticias sobre despliegues militares dirigidos a Irán. La atención se desvía. Venezuela se desvanece. La rendición de cuentas nunca llega.

Incluso las imágenes se controlan cuidadosamente. Al público se le muestran fotos de Nicolás Maduro mal vestido, agotado y humillado. Lo que no se muestra es el brutal proceso que hay detrás de esas imágenes: la muerte de decenas de guardaespaldas cubanos que fallecieron protegiéndolo y la violencia de la incursión en sí. La atención se centra en el espectáculo, no en su costo.

Cuando la invasión se plantea como una forma de gobernanza y la guerra se convierte en una administración rutinaria, ya se ha producido la transformación más peligrosa. No sucede en el campo de batalla. Todo está en la redacción.

Fuente: https://www.chinadaily.com.cn/a/202601/17/WS696ae666a310d6866eb34480.html

Traducción realizada por el Equipo Editorial del CVEC

Por CVEC

El Centro Venezolano de Estudios sobre China (CVEC) es el primer y único centro de investigación dedicado exclusivamente a los estudios sobre China dentro de la República Bolivariana de Venezuela. Fundado el 13 de junio de 2017 por jóvenes profesores e investigadores provenientes de la Universidad Central de Venezuela, el CVEC ha planificado desde su creación, la conformación de un equipo de investigadores provenientes de distintos espacios intelectuales y profesionales, cuyas capacidades de análisis y comprensión sobre las realidades que configuran el mundo de hoy y del futuro coincidieran en esta instancia de gestión académica e intelectual.

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